martes, 2 de abril de 2013

Una mirada diferente


El encuentro fue en una esquina casual.
Hacía ya varios años que se venían clavando la mirada y el azar o el destino evitaban el encuentro.
Una  secreta inteligencia que, indudablemente conocía el futuro, se negaba a que se produjera el momento fatal.
Sin embargo, había algo en los dos que se resistía. Ambos deseaban que se provocara ese momento que sería definitivo.
Hacía mucho tiempo que los compadritos habían abandonado las esquinas. Que éstas no eran el escenario de un duelo. Por eso sorprendía que esas dos almas se empeñaran en un enfrentamiento que seria el primero y el último.
El barrio era tranquilo y para esa época, principios de diciembre, se poblaba de jóvenes que disfrutaban del final de las clases. Las niñas y los niños se reunían para coquetearse mutuamente. Hasta altas horas de la noche. Eran tiempos de inocencia; las puertas de las casas se mantenian sin llave y la única supervisión y medida de seguridad era el alumbrado público y los vecinos que sacaban sus sillas y sillones a la vereda a tomar un poco aire fresco.
Lo que sucedió sólo lo puede referir una testigo de los hechos de la que hoy se desconoce su paradero. Alguna versión indicaba que se había ido a vivir al sur. Realmente no lo se.
Incluso la historia pasó desapercibida para los vecinos del barrio. Sólo algunos memoriosos relatan, de vez en cuando, las miradas fulminantes que se cruzaban entre ambos, bastante antes de ese momento definitivo.
Pasaron treinta y cinco años de ese suceso y hoy se volvieron a encontrar. No fue un encuentro convencional, no podía serlo. La trama secreta de la vida había hecho que se crucen  nuevamente. Treinta y cinco años después.
Tuvieron una charla amistosa. No había rencor en sus palabras. Recordaron si, que treinta y cinco años atrás habían coincidido en una esquina y que uno había había efectuado una oferta que el otro rechazó con un "no", intentando una breve excusa. Si bien no fue convincente, el otro entendió que había miedo, no obstante tuvo piedad y esperó una mejor oportunidad. Ambos creían que iba a haber otra oportunidad. Sin embargo esa oportunidad nunca llegó. Quizás fue lo mejor que les ocurrió en su vida. Paradójicamente para ellos fue el "no" más relevante de sus vidas. Fue un momento que quedará en sus memorias como triste y feliz a la vez.
En ese momento fatal, ellos tenían trece años, desde que estaban en jardín de infantes que se miraban con el amor de niños. Al final él se atrevió y la invitó a que fueran novios; ella por miedo le dijo que no.
Hoy, treinta y cinco años después hablaron del tema. Rieron y descubrieron que otro no podría haber sido el acontecer. Que esa secreta inteligencia que rige los destinos les tenía reservado una inmensa felicidad. Que les había hecho conocer otros seres con quienes habían repetido ese cortejo inicial y con quienes habían dado eternidad a sus almas a través de una hermosa descendencia. 
Ambos rieron por última vez y comprendieron que los hechos de la vida, sean que los definamos como buenos o malos nos dan la oportunidad de abrir los caminos hacia la felicidad.

jueves, 13 de diciembre de 2012

                                   ¡QUE JUGADOR JORGITO!

 El día prometía una jornada memorable. Hacía mucho tiempo que se estaba preparando para este momento. Ya de chico se destacó en los equipos infantiles y luego juveniles. Era una talentoso, con una habilidad inigualable. Los que lo admiraban cuando jugaba en el barrio sentenciaban: "Qué jugador Jorgito!!; es un malabarista!; la tiene atada!; si este no llega me mato!! A los 6 años ya pintaba para crack. Jugaba en el potrero con los grandes y la rompía. En el club era el niño mimado y los rivales temían enfrentarlo. Sus padres, de humilde condición, soñaban con que Jorgito algún día los sacara del barrio. Se sacrificaban para llevarlo al club a entrenar, con frío con calor, con lluvia o viento. Nada los detenía. No durmió en toda la noche. En su cabeza resonaban las palabras que su técnico de infantiles le había dicho: “usted m´hijo, va a ser un gran jugador!”. Recuperó todas las imágenes de cuando fue por primera vez al club, de cómo fue la prueba. Recordaba su primer gol con su amada camiseta. De cuando su abuelo lo iba a ver jugar. Fue una noche de vigilia que acabó con un llanto de emoción. Se despertó muy temprano y desayunó liviano. Hoy era un día muy especial. Era su debut. Estaba nervioso. Sabía que se hallaba ante un gran desafío. Tenía que enfrentar por primera vez a una multitud. Tenía que demostrar lo que sabía hacer si quería ganar dinero. Su padre ya no estaba y su recuerdo lo volvió a emocionar. Pensó que, de todas maneras, él estaría orgulloso de su hijo. Llegó en horario. Ya había mucha gente por la zona. Se cambió con mucha parsimonia. Se acomodó las medias, el pantalón y la camiseta. Se ató bien los botines, no se puso las canilleras, para qué? se dijo en voz baja, entró un poco en calor y apuró el paso para salir al ruedo. Tenía la pelota en sus manos. La acariciaba como si fuera su novia. Le sentía el olor al cuero. La besó cerrando los ojos con fuerza como trasladándole todo el amor acumulado en su vida. Como se dice en el ambiente, salió a ganarse el mango. Apenas tomó por primera vez el balón, se notó su calidad. La pisó con la izquierda, la llevó para la derecha, un amague para un lado y otro para el otro lado y ya generó las primeras sonrisas de aprobación y los primeros comentarios ¿Y éste de dónde salió?. Después, encarando a los que se le venían de frente, que se detuvieron delante de él, comenzó una frenética danza de jueguitos que incluyeron la cabeza, el taco y el pecho por más de diez segundos. Nadie se atrevió a cortarlo, como en un acto de profunda admiración. La satisfacción de los espectadores fue unánime. No hubo aplausos. No podía haberlos. Jorgito no tuvo tiempo ni de cobrar su primer ingreso. Inmediatamente después de toda esa demostración de talento, el semáforo de la 9 de Julio y Bartolomé Mitre se puso en verde y los autos arrancaron a toda velocidad. Uno de ellos casi le arranca el pie. No importaba, Jorgito lo esquivó y le dijo oooleeee!!!! Jorgito lleva el futbol en la sangre y el jugador de fútbol juega en cualquier parte.

martes, 18 de septiembre de 2012

La esfera de cristal

Poco tiempo antes de morir, mi padre me llamó y con cierta solemnidad me dijo que tenía algo muy importante para darme. Introdujo su mano en la bata que vestía y sacó una hermosa esfera de cristal, transparente, un poco más grande que una pelota de tenis. Me explicó que todas la esferas tenían algo de mágico pero que ésta, específicamente, tenía la cualidad que en su interior, vería reflejado todo nuestro universo. Que mi abuelo se la había dado a él y que a éste, a su vez, se la había entregado su padre, un italiano del sur. Mi padre me comentó que la esfera, al reflejar todo nuestro universo, nos mostraba todo nuestro pasado y todo nuestro futuro. Al ver reflejado en la esfera todo nuestro pasado, inmutable, podría comprender el presente, tanto el suyo como el mío. Respecto del futuro,me dijo, la esfera es más misteriosa, no refleja el futuro, tu futuro, sino infinitos futuros que están a tu alcance y que podés elegir. La sola idea de poder ver muchos futuros disponibles y elegir el que más deseara me subyugaba sobremanera. Incluso me generaba algo de desazón el hecho de pensar que, entre los futuros que podría tener, solo sería capaz de elegir de entre unos pocos, ya que me sería imposible ver los infinitos futuros. Todos tus sueños están contenidos en la esfera y todos pueden hacerse realidad. Las pesadillas también son sueños y nuestros fracasos son, quizás, sueños hechos realidad, me dijo. Por ultimo me advirtió; mirala todos los días, profundamente, ella te enseñará el camino, solo una vez, pero será suficiente. Quizás por un resabio del pensamiento mágico de nuestros lejanos antepasados, tendí a buscar poderes ocultos, códigos secretos, propiedades extraordinarias en la esfera que tenía en mis manos. Día a día durante largos años la observaba, miraba su interior, la recorría con los dedos y solo veía en ella el reflejo de mi rostro. Quería comprender el motivo por el cual mi padre me había entregado esa esfera. El no era religioso y me había entregado un objeto que representaba una idea cristiana, como una cruz o una estampita, las cuales actúan de mediadoras entre nosotros y un poder exterior, superior y ajeno. Un día, observando una vez más la esfera, noté que ésta reflejaba mi rostro de manera diferente. Todo mi rostro abarcaba la circunsferencia de la esfera y se ampliaba mostrando mi imagen hasta el más mínimo detalle. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al darme cuenta que no era la esfera que había cambiado mi imagen, sino que era yo quien observaba a la esfera de una forma diferente. La esfera no cambió, cambié yo. Al ver mi rostro comprendí el mensaje de mi padre. El nunca pretendió que la esfera tuviera poderes mágicos, sino que descubriera mi rostro reflejado en ella y pudiera saber que la cuestión es mucho más simple que lo que me imaginaba; que las respuestas están dentro mío, todos mis futuros posibles ya son parte mía. La magia, el milagro, el poder, están dentro nuestro, no hay que buscarlos afuera porque no existe un afuera. Somos todos parte de un mismo Ser y compartimos su esencia. Que no hace falta ver los infinitos futuros sino que solo basta elegir el que queremos para nosotros, desearlo profundamente con cada célula de nuestro cuerpo, se cumplirá. Quizás ése sea el desafío más relevante que tenga por delante: sentir que el futuro que elegí llegará inexorablemente. Erróneamente creemos que nuestra historia pasada nos dice qué futuros son posibles para nosotros. No existe tal determinismo. No importa lo que haya ocurrido antes, el futuro que elegí se va a cumplir de todas formas. Comprendí entonces que somos libres de elegir nuestro futuro, aunque muchas veces no nos damos cuenta de ello. Mi padre quizás no se dio cuenta de muchas cosas. Lo que estoy seguro, es que el futuro que soñó de joven de formar una amada familia, se le cumplió al pie de la letra.

Estambul

Era las once de la noche. Me encontraba en la plaza principal de Xanthi, una antigua ciudad de la región de Tracia, en Grecia. Me acerqué a un taxista de unos 60 años y en un muy rudimentario griego le comenté que al otro día, a la mañana, debía ir a Estambul, distante unos 400 km. de allí y le pregunté si era posible viajar en taxi. Me hizo señas que esperara y por su radio se comunicó con otro taxista al que le comentó que yo quería ir a Konstantinopoli; la nombró como era su nombre hace más de quinientos años, Constantinopla (antes Bizancio) y hoy Estambul, era la capital del Imperio Romano de Oriente. Se dice que el nombre Istanbul deriva del griego " ist in polis" (están en la ciudad) refiriéndose a los turcos que la invadieron y la tomaron en el año 1453. El taxista asintió con la cabeza y me dijo que a las cuatro de la mañana me pasarían a buscar; el viaje me costó cincuenta euros y tuve de compañeros a una madre con su joven hijo. Trasladándonos por una moderna autopista de oeste a este, todavía se observan los vestigios de la penetración turca, a través de las mezquitas que, a medida que uno se acerca al límite entre los dos países, se hacen más frecuentes. La invasión turca alcanzó toda esa zona de Grecia; incluso el héroe máximo de Turquía, Mustafa Kemal "Ataturk" nació en Tesalónica. Llegamos a Estambul cerca del mediodía y me hospedé en el hotel Polat, en la zona de Florya, sobre el mar de Mármara. Rápidamente dejé mis pertenencias y salí a sumergirme en la cultura de esa ciudad fantástica, aunque no era la primera vez que la visitaba. Siempre me provocó placer el hecho de salir a lo desconocido, de caminar por todos esos lugares que me resultan a la vez extraños y familiares. En el fondo las diferencias entre los seres humanos no me parecen tan profundas. Visité Agia Sofia, una gran iglesia cristiana gnóstica del año 300 aproximadamente, luego convertida en mezquita y ahora museo. Me impresionó su grandeza y el hecho que no estaba dedicada a una "santa" (agia, en griego) Sofía, sino a la "santa" sabiduría (de sofos, que en griego significa sabiduría). Su nombre completo es Iglesia de la Santa Sabiduría de Dios. Al observar su inmensidad, su altura, su larga escalera para subir a los pisos superiores, su silencio, no pude mas que detenerme y comenzar a reflexionar acerca del mensaje que interpreto emana de todo ese ambiente. Es el mensaje de la eternidad. Eternidad no como inmutabilidad, sino como permanente cambio, pero un cambio que no reconoce límites de tiempo. Un cambio que no está supeditado a un tiempo. Lamentablemente a mi entender, la interpretación humana del cambio está determinada por la necesidad de llevarlo a cabo dentro de un tiempo finito, que es el tiempo de nuestra existencia. Y dentro de ese tiempo, de otros tiempos que nos marcan las diferentes edades. Nos imponemos determinados objetivos dentro de un tiempo, pasado el mismo el objetivo es considerado imposible, improbable o inconveniente. Siempre me resultó difícil esperar. Consideré a la espera como una pérdida de tiempo. Quizás por haber creído que el tiempo se va descontando. Ello a su vez me generó la ansiedad de lograr los objetivos en un plazo determinado y si no es así, es un fracaso. Un concepto arraigado al principio de muchos deportes, del juego. Intentar ganar dentro de un tiempo prefijado, o salir derrotado. Mientras caminaba y reflexionaba sobre estas cuestiones, observaba unas obras de arte descubiertas bajo las capas de pintura de las paredes pintadas por los turcos. Son trabajos en mosaicos, con pinturas en oro, de santos cristianos, príncipes y familias relevantes de la antigua Constantinopla. Pensé que ellos eran más conscientes que yo de la necesidad de la espera. Que los logros que ellos buscaban podían incluso transcender sus vidas. La expectativa de la época era de pocos años de vida comparada con la nuestra y los objetivos, como el construir una iglesia, realizar una obra de arte, etc. consumían mucho más tiempo que en la actualidad. Sin embargo, no parecían estar apremiados por el tiempo. Me los imaginé dispuestos a aceptar la espera. Hacía un tiempo estaba abocado a descubrir estas inquietudes ya que mis lecturas habían comenzado a dirigirse hacia textos en los que, casualmente? la cuestión de la espera era el punto central. Ya había descubierto a Heráclito y a los estoicos, quienes me mostraron el camino de la paciencia. Cultivar la paciencia como aceptación de que nuestro tiempo interno o kairos para los griegos, a veces no se corresponde con el tiempo externo de realización de nuestros objetivos y que, sin embargo, si logramos la congruencia mente-cuerpo, los mismos se facilitan pues estando en armonía con el universo, los caminos se nos abren a nuestro paso. Forzar una situación no hace mas que generar resistencia en las fuerzas del universo, con el perjuicio que toda lucha produce. No existe lucha en la que uno de los contendientes salga inmune. Me fui de Agia Sofía con el profundo convencimiento que algo en mi había cambiado. Cuando llegué al hotel, encendí el iPad, abrí la Biblia y al azar elegí una página; siempre me gustó hacer eso, tomar un libro al azar de la biblioteca y abrirlo tambien al azar.: página 822, salmo 42, versículo 12. "Porqué te deprimes alma mía?, Porqué te inquietas? Espera en Dios. y yo volveré a darle gracias a Él Que es mi salvador y mi Dios." Mirando por la ventana la inmensidad del mar de Mármara comprendí que los antiguos habitantes de la Tierra ya tenían conciencia del poder del ahora; que pretender acercar más rápido nuestro futuro genera una reacción del cuerpo que nos perjudica, nos deteriora y nos demuestra que no está en armonía con el universo. Ello no significa que nos quedemos inmóviles, al contrario, significa que si llevamos a cabo todas las acciones destinadas a satisfacer nuestros deseos, ellos se cumplirán, mas a su debido tiempo. No somos nosotros los que decidimos cuándo, si no qué y cómo. Me acosté a descansar unos momentos y todos mis deseos se hicieron presentes en un sueño. Están viniendo, llegan sin avisar. Incluso vendrán algunos que ni siquiera creí posibles. Solo me queda esperar.

martes, 29 de noviembre de 2011

Los libros y la noche



Para mi la noche es el momento mas propicio para elaborar nuevas ideas, para elucubrar sobre los misterios de la vida, del universo; es el momento en el que me encuentro a mi mismo. Alejado de la actividad del día, me recluyo en mi vasta biblioteca a descubrir nuevos destinos a los que me lleve la mente.
Los libros y la noche. En su " Poema de los dones", Borges comienza diciendo " nadie rebaje a lagrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnifica ironía me dio a la vez los libros y la noche". Obviamente el se refiere a la noche como a su ceguera. Yo me refiero a la noche, a ese momento del dia en que el sol se ha ocultado, porque la noche representa para mi el desconocimiento, el misterio, todo lo que se nos esconde, nuestros propios miedos, nuestros propios caminos desconocidos.
Los libros por su parte, son el conocimiento, el descubrimiento de nuevos horizontes, son el cambio, la luz que nos alumbra.
En mi permanente búsqueda de nuevos entendimientos, estaba una noche abocado a seguir una línea conceptual que ocupaba mis pensamientos gran parte del día. Estaba leyendo el Antiguo Testamento y quise comprender cual era el significado que tenia para mi el éxodo del pueblo judío hacia la tierra prometida. Cual era mi interpretación de ese hecho trascendental para la vida de aquel pueblo. Con cada reclamo del pueblo, Dios les enviaba ayuda y luego los castigaba. Quise entender la razón de Dios.
Pase largas horas leyendo y releyendo los pasajes de las escrituras. Descubrí ideas enlazadas con esa idea primigenia que investigaba, tanto en el profeta Isaías como en Jeremías. Estaba muy cansado. Una somnolencia me invadió repentinamente y no pude mantener los ojos abiertos. Lo que a continuación voy a relatar no se si me ocurrió realmente o fue un sueño. Digo que no lo se porque nuestra mente no puede distinguir entre un suceso recordado y uno creado ya que para ello el cerebro utiliza las mismas células. Por otra parte si profundizamos un poco en el tema, diríamos que todo es una ilusión, una creación de nuestra mente. Que esta sala no existe, que los libros tampoco, así como este relato, como yo o como vos. Que, en definitiva vemos lo que nuestros sentidos nos muestran ( y no debiéramos confiar mucho en ellos). Que todo es un manojo de energía que en diferentes condensaciones forman un solo cuerpo de luz al que algunos llaman Dios y otros naturaleza y otros universo.
Efectivamente, me dormí y en el sueño se me presento un anciano - en estos casos siempre es un anciano-. Sentado a mi lado, con un rostro sereno, su cuerpo inclinado hacia adelante, como yo, su voz suave y sus palabras precisas me pregunto: - Que tema quieres tratar, que es lo que te trae a mi?
A partir de ese momento sentí que ese anciano era mi acompañante, así como Virgilio acompaño a Dante por el sinuoso camino del Infierno al Paraiso en la Divina Comedia. No podía ver su rostro, me resultaba alguien conocido. Por temor o respeto no pretendí averiguar quien era.
Le conteste: he descubierto, leyendo el Exodo en el Antiguo Testamento que cada vez que el pueblo judio dudaba de la palabra de Dios, este lo ayudaba y luego le mostraba su presencia castigandolo.
-Y que te sugiere ese hecho?
- Como entiendo el concepto de Dios interpreto que somos todos en Dios, que Dios esta en nosotros y nosotros somos parte de El y que la duda en El es la duda en nosotros, en nuestras posibilidades.
- Algo mas te sugiere?
- Si, que debe existir una congruencia en nuestra mente cuando hacemos algo con fe y que cuando no tenemos esa fe es debido a que existe una incongruencia entre lo deseado y lo que consideramos posible.
- Bien, comprendo. Me dijo y volvió a preguntar: -Y específicamente que es lo que quieres para ti, que es lo que te permitiría definir esta cuestión?
Comprendí perfectamente hacia adonde iban sus preguntas. Estaba pensando en un tema que en principio me parecía meramente intelectual pero que enmascaraba una inquietud; que en muchas ocasiones me falta esa fe, que tengo una creencia que limita mis deseos.
Primera gran revelación, el anciano me estaba llevando por un camino que mi mente se negaba.
Entonces le conteste: Quisiera tener esa sensación de plenitud, de ímpetu que genera el desear algo y estar convencido que lo voy a lograr.
-Y que te impide lograrlo?
- No le esquivo a la pregunta, pero antes quiero agregar algo que me pareció muy relevante. Hay una insistencia muy marcada en los profetas Isaías y Jeremías principalmente, en contra de la idolatría. Se oponían fervientemente a que los hebreos de aquella época tuvieran como ídolos a imágenes de madera o de bronce hechas por el hombre. Y esta cuestión me sugirió la idea que, a lo que realmente se oponen ambos profetas es al poner la fe afuera de uno mismo, en cualquier objeto. Y lo confirmo en el hecho que Isaías expresa que no existen dioses por "afuera" del Señor con lo que entiendo que todo esta dentro del " Señor", incluso nosotros y que por ello no podemos pensarlo como un ser que esta alli afuera.
- Bien, comprendo, entonces?
- Entonces lo que me impide lograrlo es alguna creencia que tengo en mi interior (podria decirse algun demonio) que me dice... Aquí el sueño se interrumpe y recobro parcialmente la conciencia (habrá sido mi mente que resiste desnudarse).
Sin embargo, al momento estoy dormido nuevamente y con el anciano que me seguía preguntando.
- Y esa creencia que te produce?
- Una limitacion; verdaderamente me limita.
- Me pareció interesante tu interpretación de las escrituras, que mas podes agregar y que relación podes establecer entre esa interpretación y tu creencia?
- Hay dos cuestiones de las cuales tomo conciencia; la primera es que lo dicho acerca de las escrituras es mi interpretación y consecuentemente habrá tantas interpretaciones como seres humanos sobre la tierra. Este concepto lo encuentro en el cabalista Isaac Luria, llevado a poesia magistralmente una vez mas por Borges en un poema dedicado a Manuel Mujica Lainez, diciendo:
" Isaac Luria declara que la eterna Escritura,
Tiene tantos sentidos como lectores. Cada
Versión es verdadera y ha sido prefijada
Por quien es el lector, el libro y la lectura."
Siendo una interpretación puedo expresar que toda idea sobre un acontecer futuro sera una interpretación tambien, esto es, que en realidad existen infinitos futuros, que solo son unos pocos, o uno solo, en tanto y en cuanto lo determinemos a traves de una creencia que nos limite. La segunda cuestión es que para lograr un objetivo en la vida debe haber una congruencia entre lo que deseamos y nuestra posibilidad de lograrlo. Y si decía que hay infinitos futuros, la posibilidad existe. Quiero sentirla en mi cuerpo como un estado de excitacion. La duda es la incongruencia entre deseo y posibilidad, la duda es el pecado de los judíos.
- Y como vas a hacer para alcanzar ese estado de congruencia entre deseo y posibilidad? Me pregunto.
- Teniendo en cuenta dos pautas: la primera, la resciliencia, esto es la capacidad de tomar una situacion actual negativa como un hecho positivo a futuro. La segunda recordando la frase de Heraclito que dijo: " aquel que no espera no encuentra lo inesperado, porque este es difícil de descubrir e imposible de alcanzar". Entonces, cultivar la paciencia y la aceptación de los estoicos.
- Y como te vas a ver y sentir cuando logres tus objetivos?
- Con la misma felicidad que siento de estar conversando con usted. Le conteste.

Ya a punto de despertarme y cuando el anciano parecía que se retiraba de mi biblioteca mirando al cielo, como aquel papa Noel que vi cuando era niño, me atreví a demorarlo solo un instante y le dije: - puedo hacerle yo una pregunta ahora?
- Con todo gusto me dijo.
- Que es ser sabio?
Mientras se retiraba, ya sobre la doble puerta de entrada, giro su cabeza, me miro con dulzura y dijo.
- Todos tenemos nuestras respuestas. Ser sabio hijo, es saber preguntar.

miércoles, 20 de julio de 2011

Empezamos con un cuento: Rue du Simplon

El tren TGV se detuvo por unos minutos en un pequeño pueblo rumbo a la baja Normandía. Hacía unos momentos venía avanzando lentamente con sus motores apagados, como quien se desplaza en puntas de pie para no alterar la calma dominical del lugar.
Dos mundos se encontraban y por un instante intercambiaban sus miradas. El mundo pueblerino; sereno, apacible, quieto y el que representaba el tren, que si bien también transmitía calma - los pocos pasajeros que compartían el vagón conmigo se esforzaban para hablar en voz baja y hasta comer sin hacer ruido- era un mundo en movimiento, fugaz, rápido, que busca nuevos horizontes sin detenerse más que unos pocos minutos para que alguien se suba a su frenesí.
El mirar por la ventanilla me produjo una extraña sensación; siempre me ocurre cuando viajo en tren. Me sitúo en esos lugares que observo, me pregunto cómo sería vivir allí, con esa tranquilidad, incluso con esa seguridad. Los extraño sin haber estado nunca. Mientras mis ojos observan el exterior, también veo mi rostro reflejado en el vidrio y esa doble imagen me sumerge aún más en el interior de mis pensamientos y sentimientos.
Afuera, las casas antiguas con muchas flores y plantas que las adornan. Un pequeño cartel anuncia que estamos detenidos frente a la "Rue du Simplón". Toda un paradoja. Afuera lo simple, lo cotidiano, todo un mundo que genera sensaciones y, entre ese mundo y yo, se refleja mi rostro. En mi rostro reconozco la complejidad del ser humano. La Razón, que nos ayuda tanto y a la vez nos aleja tanto de lo simple y lo cotidiano. La contradicción entre lo deseado y lo vivido. Vivimos a gran velocidad para alcanzar la tranquilidad. El hecho de utilizar nuestra Razón para buscar tranquilidad cuando la tranquilidad está ahí afuera. Solo basta bajarse del tren

miércoles, 16 de junio de 2010

Las más romántica de las despedidas

Las despedidas más románticas suceden en las estaciones de tren.
Hace unos momentos acabo de presenciar una.
Ocurrió en la “Gare de Neuchatel”. El, un joven deportista, ella, una hermosa mujer unos cuantos años mayor.
Me bastaron unos pocos instantes para darme cuenta que ninguno de los dos estaba presente en esa estación. Que ambos estaban ausentes del momento de la despedida.
Ella denotaba en su rostro el sentimiento de haber dado todo y haberlo perdido. Ella estaba en el pasado, en los momentos que ya no se repetirían, estaba añorando lo perdido.
El rostro del joven denotaba una cierta satisfacción. Si bien a primera vista se mostraba afectado, en el fondo se sentía orgulloso; había conquistado el corazón de alguien. Había obtenido lo que quería y ahora, ya estaba en el futuro, en su porvenir, imaginando su nuevo destino y un nuevo corazón para conquistar.
Ninguno de los dos disfrutó del momento de la despedida.
Ella le entregó un sobre para que lea lo que no se atrevió a decirle en ese momento, quizás evitando así decir palabras definitivas; como si no decir lo que se siente hace que no ocurra.
El recibió el sobre, lo miró y no se atrevió a abrirlo. Temía ser invadido por el pasado; el era futuro.
Subí a mi tren que, como es de esperar en Suiza, llegó exactamente a las 13,27 hs. Me senté cómodamente escuchando Pink Floyd y dándome cuenta que yo, el observador, había sido la única persona presente en esa despedida.

domingo, 21 de marzo de 2010

Epítetos no! Epícteto!! (primera parte)

El mundo es una lucha, todo es lucha…. Cómo andás? Acá luchando… Yo siempre luché mucho en mi vida….
Estas frases las oímos a diario, así como también el concepto de “lucha por la vida”, la adaptación del más fuerte, han predominado en la teoría de la evolución de las especies desde Darwin.
Ahora bien, se puede afirmar o universalizar el concepto de lucha a todo el ámbito en el que un ser humano interactúa o este concepto es solamente aplicable a ciertos casos más relacionados con la biología, con la política (lucha de clases), con las cuestiones sociales, etc.?
En el caso del desarrollo personal, a qué le llamamos lucha y contra qué luchamos?
Cómo influye esa lucha, o el resultado de la misma sobre nuestro sistema cuerpo-mente. Porque sabemos muy bien que es muy difícil salir indemne de una lucha: es muy difícil no salir lastimado.
Luchar es entrar en una relación antitética con la otra parte a la que nos oponemos. La lucha nos sirve para “ir hacia” o para “alejarnos de”.
Diariamente, conforme la teoría Darwiniana de la supervivencia del más apto, tal como sostiene Deepak Chopra, “somos víctimas de las reacciones que fueron fundamentales miles de años atrás para nuestra supervivencia. Reacciones programadas genéticamente en el cuerpo celular. Vivimos en un entorno hostil como recolectores amenazados.
Aprendimos a protegernos huyendo y también peleando. Esta reacción era útil en el pasado, hoy produce miedos imaginarios”.
Nos sucede a diario con el tránsito, con la burocracia del Estado, con el monopolio de las empresas de servicios, los comentarios que se hacen de nosotros y la respuesta condicionada que le damos a estos estímulos tiene una función limitada y nos genera variadas enfermedades tales como problemas cardiovasculares, hipertensión, todas las variedades de cáncer, etc.
Lo mismo sucede con el stress. Los médicos lo han definido como “la respuesta no específica del cuerpo a cualquier demanda que se le haga”. Así, “el cuerpo reacciona ante cualquier estímulo desafiante por medio de una secuencia predecible de cambios internos, incluyendo la liberación de ciertas hormonas”. Esta es la reacción de pelea o fuga que ya citara antes.
Entonces, identificamos la agresión como proveniente del exterior, provocada por los otros.
Es necesario por tal motivo, comenzar a superar la etapa de la reacción de pelea o fuga ya que ésta ha perdido su función original y no solamente nos causa problemas en el plano individual sino que es la responsable de tanto odio y guerras en el mundo.
¿Y cuál es la causa por la cual reaccionamos ante estos estímulos externos de manera tan limitada, creando miedos imaginarios?
El ser humano necesita crear patrones de conducta para vivir con mayor seguridad. De ahí que ante cada hecho que le sucede en su vida emite un juicio. “Cuando emitimos juicios estamos suponiendo que el pasado es un buen consejero del futuro. Estamos suponiendo que porque algo sucedió una y otra vez en el pasado, podría volver a suceder en el futuro,” nos dice Rafael Echeverría. Sin embargo, esto no es así necesariamente.
De ahí que los juicios, siguiendo con Echeverría, sean la raíz del sufrimiento humano. El sufrimiento surge de la interpretación que hacemos sobre lo que nos sucede, y muy precisamente sobre los juicios que estas interpretaciones descansan.
Teniendo activada la reacción de pelea o fuga, interpretamos que “nos están perjudicando”, “nos están faltando el respeto”, “nos están agrediendo”, etc., etc. El yo se siente amenazado por el mundo exterior y reacciona. Allí es cuando nuestro cerebro, a través de la amígdala segrega adrenalina y cortisol y nos provoca una reacción de stress.
Ahora bien, tal como está planteado, fácilmente nos damos cuenta que, por lo general, no es el “mundo” quien nos ataca sino que nosotros interpretamos que el “mundo” nos ataca.
Sentimos que los otros coartan nuestra libertad que es lo que en definitiva busca el ser humano.
Siguiendo a Deepak Chopra, podemos decir que existen cuatro niveles de libertad. El primero es “quiero hacer lo que quiera en el momento que quiera”; el segundo es la “capacidad de satisfacer nuestros deseos”; el tercero es la “capacidad de escapar de la prisión de lo conocido. La prisión de nuestro condicionamiento. Lo que nos despiertan las personas y las circunstancias y hacen que reaccionemos con conductas predecibles. Estamos a merced de cualquiera que pase por la calle”; y el cuarto son las “acciones correctas específicas”, esto es, aquellas acciones que propician nuestra evolución.
Encuentro una relación que será interesante desarrollar entre el tercer nivel de libertad, el de la “capacidad de escapar de la prisión de nuestro condicionamiento” y la reacción de fuga o pelea que nos provoca el stress y el sufrimiento inútil.
Y nadie mejor que una escuela de filosofía de la antigua Grecia para dilucidar la cuestión y ayudarnos a ampliar nuestros mapas mentales para desarrollar justamente esa capacidad de escapar de la prisión de nuestros condicionamientos. (continúa)

Epítetos no! Epícteto!! (segunda parte)

Me refiero a los Estoicos. El estoicismo es una escuela filosófica fundada por Zenón de Citio en el año 301 a.C. en Atenas, con fuerte influencia de la filosofía de Heráclito y Sócrates; incluso se dice que tiene influencias de doctrinas semíticas, como el judaísmo.
Siguiendo a Wikipedia, el término estoicismo proviene del lugar en el que Zenón comenzó a dar sus lecciones en el año 301a.C., a saber, la Stóa poikilé (en griego Στοα, stoa, pórtico), que era el “Pórtico pintado” del ágora de Atenas. Pronto atrajo a numerosos seguidores quienes, tras la muerte de Zenón, continuarían y expandirían su filosofía. El estoicismo fue la última gran escuela de filosofía del mundo griego en ser fundada, y continuó existiendo hasta que en el año 529 d.C. Justiniano clausuró la Escuela de Atenas.
Así llegamos hasta Epícteto, quien nació en el año 55 en Hierápolis de Frigia (actualmente Pamukkale, en el sudoeste de Turquía), a unos 6 km. al norte de Laodicea. Aún en su infancia llegó a Roma como esclavo del liberto Epafrodito, que a su vez había servido como esclavo del emperador Nerón; a instancias de Epafrodito, estudió con el filósofo estoico Musonio Rufo.
Arriano, uno de los discípulos de Epicteto, quien tomó notas para sí de las palabras del maestro, publica, cuando ya probablemente el maestro había muerto, EL ENQUIRIDON, o MANUAL DE LA ESTOA.
En él Epícteto nos ayuda, como moralista que es, a desarrollar esa capacidad de escapar de la prisión de nuestro condicionamiento y la reacción de fuga o pelea que nos provoca el stress y el sufrimiento inútil, de la que hiciera mención.
Para ello nos explica que: En cuanto a todas las cosas que existen en el mundo, unas dependen de nosotros, otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen; nuestras opiniones, nuestros movimientos, nuestros deseos, nuestras inclinaciones, nuestras aversiones; en una palabra, todas nuestras acciones.
Las cosas que no dependen de nosotros son: el cuerpo, los bienes, la reputación, la honra; en una palabra, todo lo que no es nuestra propia acción.
Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, nada puede detenerlas, ni obstaculizarlas; las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, dependientes, sujetas a mil obstáculos y a mil inconvenientes, y enteramente ajenas.
Recuerda pues que, si tu crees libres, a las cosas por naturaleza esclavas, y propias, a las que dependen de otro; encontrarás obstáculos a cada paso, estarás afligido, alterado, e increparas a Dios y a los Hombres. En cambio si tu tienes, a lo que te pertenece, como propio y, a lo ajeno como de otro; nunca, nadie, te forzará a hacer lo
que no quieres ni te impedirá hacer lo que quieres.

Nuestra gran preocupación pasa generalmente por obtener cosas cuya adquisición no dependen de nosotros sino de otros, y por ello somos esclavos de esos deseos. Pretendemos que otros nos beneficien y nos sentimos por ello frustrados y culpamos a los demás de por no lograr nuestros deseos. Así ocurre comúnmente con los padres que pretendemos imponer conductas a nuestros hijos para cumplir con nuestros deseos cuando el cumplimiento de los mismos depende de las acciones de ellos mismos y no de nosotros.
Otra causa de gran sufrimiento en los seres humanos es nuestra preocupación por nuestra honra, por nuestra reputación. Según lo declara Epícteto, al no ser una acción propia, al no depender de nosotros, cuando nos preocupamos por nuestra honra, por nuestra reputación, nos estamos preocupando por juicios que dependen de los otros. La honra y la reputación, son juicios que hacen los otros sobre nosotros mismos y si comprendemos que cada ser humano tiene un juicio propio y diferente de los demás, que tiene fundamento en sus mapas mentales, nos daremos cuenta que es imposible pretender que dichos juicios concuerden con los nuestros.
José Ingenieros solía decir que si los seres humanos fueran definidos por lo que cada uno opina de si mismo, viviríamos en un mundo perfecto.
Respecto a la opinión Epícteto señala: Recuerda pues que: el objeto de tus deseos, es obtener lo que tú deseas, lo que anhelas; tu no te lamentarás de nadie; no acusarás a nadie, no harás nada, ni siquiera la cosa más pequeña, sin que corresponda a tú deseo; entonces, nadie te hará mal, y no tendrás enemigos, pues nada que no desees te motivará.
Y que, el objeto de tus temores, es evitar lo que temes. Quien no logra lo que desea es desafortunado, y quien cae en lo que teme es miserable. Si no rechazas sino lo que no corresponde a tu verdadero bien, y que depende sólo de ti, entonces nunca caerás en lo que no deseas. En cambio si te empeñas en huir de lo que temes, como la muerte, la enfermedad, la pobreza, serás miserable.
Resulta muy común en nuestro comportamiento que focalicemos nuestra conducta más en evitar lo que no queremos que en nuestros deseos. Y en tanto nuestros deseos dependan de nuestras acciones no nos lamentaremos de nadie ni acusaremos a nadie.
Este concepto encuentra estrecha relación con la segunda ley universal de la atracción que señala que “aquello en lo que pienso y creo o espero es”. Me refiero con ello a que nuestra atención debe estar puesta en aquello que deseamos y no en aquello que queremos evitar, aquello a lo que tememos pues de esta manera lo atraemos.
Así, no está en nuestro poder evitar la muerte ya que es una facticidad que resulta inevitable para el ser humano; no depende de nosotros, sin embargo es causa de un gran sufrimiento y tiene íntima relación con lo que opinamos acerca de la muerte. Borges decía que “la muerte es un hecho meramente estadístico y no hay nadie que no pueda correr el albur de ser el primer inmortal”, sin embargo, por el momento no está en nuestro poder el evitarla.
También nos preocupa mucho el huir de la enfermedad, siendo que con este temor la atraemos. La idea será entonces desear fervientemente la salud, el cuidado de nuestro cuerpo y nuestra mente, que sí está en nuestro poder.
Existe un gran conflicto en nuestra personalidad que hace que nos sintamos agredidos en todo momento, nos hace que consideremos que nos están ofendiendo, que nos faltan el respeto, y ello tiene relación con que: Lo que turba a los hombres no son las cosas, sino las opiniones que de ellas se hacen. Por ejemplo, la muerte no es algo terrible, pues, si lo fuera, a Sócrates le hubiera parecido terrible; por el contrario lo terrible es la opinión de que la muerte sea terrible. … Recuerda que no es ni quien lanza injurias, ni quien golpea, lo ultrajante, sino que la opinión, de injuriosas, que te has hecho de estos (acciones y agentes de la acción), es lo que las hace ver como de gentes de quienes has recibido ultraje. Cuando alguien entonces, te ofenda e irrite, sábelo que no es ese alguien quien te irrita, sino tu opinión. Esfuérzate entonces, ante todo, de no dejarte llevar por tu fantasía; pues, una vez ganes tiempo y alguna dilación, serás más fácilmente amo de ti mismo.

Hace un tiempo me sucedió un hecho que me pareció revelador: tuve un inconveniente con una empresa de servicios y en todo momento de la discusión “sentí” que estaban ensañados conmigo, sentí que existía la orden de “perjudicar a Jorge”. Pasado el fin de semana, iba caminando por la calle y me di cuenta, luego de haber leído este texto, que nadie estaba en mi contra, que el sistema era así y que en realidad nadie me faltó el respeto ni quería perjudicarme sino que yo me había sentido, por la propia opinión sobre mi mismo, agredido, no respetado, y que en realidad ello denotaba, más allá del perjuicio real que se me había causado, las faltas e incapacidades de la otra parte. Fue cuando pude tomar distancia del hecho que pude liberarme de ese sentimiento, que pude dejar de ser esclavo de mi opinión y recuperar el control de la situación y finalmente tener la mente focalizada en la solución del problema.
Muy sabia la definición de que cuando alguien te ofende o irrita nos es ese alguien quien te irrita sino tu opinión. Hay un hecho que siempre me ha sorprendido y que verifica esta sentencia. En el fútbol se viven momentos de agresión producto del partido, así como situaciones en las que el contrario quiere manejarnos psicológicamente en las que por ejemplo, un jugador insulta a otro refiriéndose a su madre. Así tenemos quienes responden vehementemente y se “sacan” del partido diciendo “a mi vieja no la insultes…” y hay otros, a los que se les puede decir cualquier cosa que no los afecta. Si el que nos ofendiera fuera ese alguien, entonces todos reaccionaríamos pero como lo que nos irrita es nuestra opinión, algunos opinamos que lo que nos dicen es ofensivo y otros no.
Para concluir, quisiera agregar un hecho muy común en nuestro comportamiento que es culpar a los demás de nuestros propios resultados negativos (ya hablaré en otra nota porqué considero no mencionar el término fracaso): … Por lo que, cuando estamos contrariados, turbados o tristes, no acusemos a los otros sino a nosotros mismos, es decir, a nuestras opiniones. Acusar a los otros por nuestros fracasos es de ignorantes; no acusar más que a sí mismo es de hombres que comienzan a instruirse; y no acusar ni a sí mismo ni a los otros, es de un hombre ya instruido.
Efectivamente tendemos a justificar nuestros fracasos acusando a los demás. Decimos “no llegué a primera división porque el técnico me tenía bronca, porque había otro que estaba acomodado, etc. etc.” y así en miles de situaciones.
He ido transcurriendo todos estos estadios y he ido aprendiendo que no existen los fracasos de los que me pueda acusar. Quizás he sido desafortunado por no cumplir con algunos deseos que he tenido pero que me han servido de aprendizaje para no repetir situaciones análogas.
He aprendido que los éxitos o fracasos los evaluamos una vez que los hechos han sucedido y que al momento de hacerlos lo hicimos de la mejor manera que en ese momento disponíamos. Hoy las haría de un modo diferente aunque acusarme por ello no es justo ya que ahora cuento con una información, con un conocimiento que antes no disponía.
Esto es lo que pretendo, que todos, en la medida de nuestras posibilidades podamos aprender a ser más justos con nosotros mismos, a no sentirnos agredidos por el otro, que la mayoría de las veces nadie nos agrede sino que es nuestra opinión quien nos hace sentir agredidos.
En la medida que forjemos nuestra propia personalidad de modo de no tener una opinión débil sobre nosotros, que nos demos cuenta que nadie nos agrede si no opinamos que nos agreden. La mayoría de las veces quien tiene esa conducta es verdaderamente quien está atemorizado, quien se siente inferior, quien tiene el problema.
La vida tiene que dejar de ser una lucha para transformarse en acciones de colaboración entre los seres humanos, para comprender y ayudar a quienes pretenden agredirnos pues en verdad ellos son los que tienen el problema y merecen nuestra ayuda.
La reacción de fuga o pelea no resulta una conducta valiosa en la actualidad pues los temores no tienen la gravedad suficiente como para que la misma se dispare con la intensidad y la periodicidad con que sucede.
Ya no existen los depredadores que nos quieren comer, sin embargo, seguimos reaccionando como si existieron.
Para finalizar, los invito como dijo Marco Aurelio en sus Meditaciones a que “Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones previas: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable. Todo eso les acontece por ignorancia de los bienes y de los males. Pero yo, que he observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo vergonzoso, y que la naturaleza del pecador mismo es pariente de la mía, porque participa, no de la misma sangre o de la misma semilla, sino de la inteligencia y de una porción de la divinidad, no puedo recibir daño de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; ni puedo enfadarme con mi pariente ni odiarle. Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario el hecho de manifestar indignación y repulsa.”

martes, 26 de enero de 2010

Somos dos, somos dos

Desde muy niño me gustaron los libros y especialmente los de la biblioteca de mi padre. Aunque todavía no sabía leer, recuerdo haber tomado un libro al azar y buscar las ilustraciones y las fotos. Poco comprendía lo que ellas significaban: algunas me gustaban y otras me daban un poco de temor.
Recuerdo haber leído la historia de Ernenek en “El país de las sombras largas”.
Aún considerando al deporte como una pasión en mi vida, siempre consideré que la forma de evolucionar como ser humano era a través del conocimiento y del desarrollo de la razón.
Cuanto más lógico y razonable fuera, más evolucionado sería.
Sin embargo, a través del tiempo, en la búsqueda de la Razón me encontré con la Intuición.
En efecto, buscando cada día aplicar más el pensamiento lógico, racional, como forma de evolución personal, fui descubriendo que en realidad las capacidades mágicas de nuestro cerebro, las que nos llevan a las más profundas transformaciones, se encuentran cooptadas por el cerebro que razona, justamente como símbolo paradójico de la evolución.
En efecto, el cerebro humano es una máquina maravillosa y de increíbles capacidades. Los pensamientos, acciones, sistemas de creencias se construyen a través de la conexión entre las neuronas. Existen solamente en el encéfalo una cantidad aproximada de 100.000.000.000 (cien mil millones)de neuronas y cada una de ellas recibe de 10.000 a 100.000 sinapsis (interconexiones) y el axón realiza una cantidad de conexiones similar. De este modo las posibilidades de aprendizaje, entendiendo el aprendizaje como el establecimiento de una red neuronal, por lo visto es astronómico.
Nuestro cerebro parece integrado por dos personas diferentes que se encuentran unidas en un mismo espacio. Una de ellas es digital, o sea utiliza el lenguaje, es racional, lógica. La otra es analógica, emocional, creativa.
A través del lenguaje una de ellas es la parte dominante. El ser humano, es interpretado como un ser lingüístico y esa capacidad ha determinado el predominio de esa persona racional, lingüística, lógica.
Estas dos personas que habitan nuestro cerebro se sitúan en el hemisferio izquierdo y en el derecho, formado por dos mitades unidas por una compleja red de fibras llamada cuerpo calloso.
El desarrollo del lenguaje en el ser humano significó un gran avance en la comunicación y en el desarrollo del pensamiento.
Supone también una limitación en cuanto al volumen de información que recibimos del exterior y el que podemos procesar en nuestro cerebro así como el que podemos transmitir. Esto significa que recibimos la información en forma analógica a través de nuestros sentidos y la procesamos en forma digital a través del lenguaje. Se asemeja a un gran embudo. Por eso es que la información a veces se nos desborda y hablamos no solamente con nuestra voz sino que además lo hacemos con el cuerpo. Incluso a veces nuestra voz dice una cosa y nuestro cuerpo dice otra. De ahí descubrimos las mentiras.
Se dice que somos conscientes de sólo 2.000 bits de información de los 400.000 millones de bits de información que nuestro cerebro procesa por segundo.
Entonces cabe suponer que este desarrollo del cerebro humano relativamente reciente; el neocórtex dataría de aproximadamente 130 millones de años, aunque ha evolucionado rápidamente el último millón de años, ha significado un gran avance en cuanto a la capacidad del hombre de procesar racionalmente información y transmitirla pero a su vez ha significado la pérdida o bien el ocultamiento de un gran caudal de información que entra al cerebro en forma analógica.
Otro hecho que determinó el predominio de la razón fue, al decir de Rafael Echeverría en su libro Ontología del Lenguaje, la invención del alfabeto alrededor del año 700 A.C. en la antigua Grecia.
Esta nueva forma de comunicación produjo profundos cambios en nuestras categorías mentales. Siguiendo a Echeverría en su libro citado, antes de la invención del alfabeto, los seres humanos vivían en lo que llamamos el “lenguaje del devenir”; el hablar tenía el poder de hacer que ciertas cosas sucedieran. De esta forma se sabía por ejemplo, qué era la piedad, el amor, la perfidia, esto es, a través de las acciones realizadas por los personajes de estas historias.
El alfabeto, sigue Echeverría, separó al orador, el lenguaje y la acción. El texto al estar escrito desplazaba al orador, ya no era necesario. De este modo se produjo un desplazamiento de un lenguaje de acción a un lenguaje de ideas.
“Con ello se abandona el lenguaje del devenir del pasado y se transita hacia una nueva forma del lenguaje: “el lenguaje del ser”.
El pensar, pasó a ser la reina de las acciones y fueron separadas de todas las demás acciones que pasaron a ser consideradas inferiores.
Ello, finaliza el autor, nos condujo a la conclusión que el ser humano cambió su comprensión de él mismo. Un ser humano postulamos, es un ente racional, la razón es lo que nos hace humanos, diferentes de las otras especies.
De ahí que mi historia personal estuviera tan influida por este pensamiento racional y considerara a la evolución personal como una forma de incrementar mis conocimientos lógico – racionales.
Este cerebro conciente, lógico, racional, que se vale del lenguaje, es el que utiliza y que se define como el “yo”. Cuando nos reconocemos, cuando decimos yo, el que habla es el cerebro racional, es el hemisferio izquierdo y lo hacemos como si el resto de nuestro cerebro y nuestro cuerpo fueran apéndices de él.
Existe una íntima relación no reconocida entre nuestro cerebro y nuestro cuerpo.
Lamentablemente el paradigma presente continúa estableciendo la primacía del pensamiento racional, estando la ciencia muy influida del mismo.
La férrea defensa de este paradigma hace que todas las voces que cuestionan este modelo del mundo sean castigadas como alguna vez lo fueron quienes se opusieron a los postulados dogmáticos de la iglesia católica.
En medicina se sigue considerando y definiendo como “medicina alternativa” otros modelos que permiten obtener mejores resultados, en algunos casos, que la “medicina tradicional.”
El origen de este divorcio entre la mente y el cuerpo tiene su razón en la tradición judeo cristiana.
Una buena síntesis de este postulado la efectúa Gabriel Plachta en su reciente libro “PNL Mapas para el cambio”. Allí afirma que sumado a la tradición judeo cristiana le continúa la lógica aristotélica y la filosofía cartesiana por la cual:
• El yo es una mente-sujeto que experimenta un cuerpo-objeto.
• El yo se ha identificado con la mente y se ha disociado del cuerpo.
• El yo identificado con la mente es de naturaleza superior, elevada, ligada al espíritu.
• El cuerpo, en tanto materia, es de naturaleza inferior, una máquina, un mal necesario, sede de nuestros impulsos más bajos.
• En el mejor de los casos, el cuerpo es apenas un envase imperfecto y transitorio para un alma perfecta y eterna hecha a imagen y semejanza de Dios.

De ahí concluye Plachta que “cuando pienso en mi cuerpo es el yo (sujeto) el que piensa en mi cuerpo (objeto); que cuando digo “me duele la cabeza”, estoy diciendo que a mi (sujeto) me duele “eso” que llamo cabeza (objeto) y que aunque no estemos de acuerdo con estos postulados, nuestro pensamiento está plagado de estas divisiones e incluso el lenguaje nos lleva a que estas divisiones se manifiesten.
Luego de tanto tiempo y de tanta búsqueda de conocimiento racional, lo paradójico me ha sucedido: descubrir que tenemos una forma de conocimiento intuitivo que llevamos impresa en nuestra mente y en nuestro cuerpo. Que este conocimiento ha permanecido latente en nosotros y que es hora que dejemos de reprimirlo con tanto razonamiento.
He descubierto que nuestro hemisferio izquierdo pretenciosamente intenta liderar nuestra acción desde “afuera de nuestro cuerpo” pero que el hemisferio derecho es el que realmente nos lidera en “comunión con nuestro cuerpo”.
Que siempre estuvimos preocupados en conocer cómo funcionan las cosas en nuestro universo y que no conocemos cómo funciona nuestro cuerpo/mente. Que nuestras creencias, nuestras acciones, nuestra identidad están determinadas por un sistema de redes neuronales del que hasta hace no mucho tiempo poco o nada conocíamos. Pero que nuestros antepasados y culturas milenarias si conocían y conocen.
Que la forma que he descubierto de evolucionar es justamente desarrollar mi intuición, descubrir cómo opera nuestro inconciente, cómo inconcientemente se establecen redes neuronales a lo largo de todo nuestro cuerpo que definen habilidades, acciones, creencias y que determinan nuestra identidad.
La evolución no significa descuidar nuestra mente racional a favor de la intuición, sino más bien desarrollar ambos hemisferios de manera que podamos servirnos de cada uno de ellos cuando sea necesario.
Evolucionar significa también poder descubrir y comunicar nuestras experiencias más íntimas; encontrar en nuestro interior el conocimiento milenario que llevamos grabado en cada una de nuestras células y esta afirmación no es metafórica, es científica.
Hay cosas que están más allá de la razón y del lenguaje que también tienen su explicación.
“La contradicción tan asombrosa a la forma ordinaria de pensar viene del hecho de que hemos de usar el lenguaje para comunicar nuestra experiencia más íntima, la cual en su misma naturaleza trasciende la lingüística.” D.T. Suzuki.